sábado, 30 de noviembre de 2013

Una insólita llamada por radio desde los Comechingones a la Antártida Argentina



Por Prof. Rubén Morales

En celebración de la Semana de la Soberanía, un grupo de veteranos antárticos y radioaficionados se convocó en el Filo de los Comechingones, en el límite entre Córdoba y San Luis, a 2500 m de altura, para realizar una original experiencia: Comunicarse con la Antártida Argentina mediante equipos de radio de ondas cortas, tal como se lo hacía cuando no habían nacido Internet, los satélites de comunicaciones ni la telefonía celular, en los tiempos heroicos que la radio era el único medio para tener contacto con las familias durante el largo invierno polar.

“Expedición al Filo de los Comechingones”. De izq a der.: Pablo “Fatiga” Justo, Rubén “Gurú” Morales, Juan Carlos Alonso, Alfredo Rikkers, Antonio “Zorro” Sedano, Hugo “Turco” Abraham y Walter Morales.

 Son un grupo de entusiastas veteranos antárticos que desde muy jóvenes están unidos por la amistad de haber pasado todo un año (o más en algunos casos) en la Antártida Argentina. Aún se llaman entre sí usando los graciosos sobrenombres que les habían puesto sus compañeros durante el largo aislamiento en el extremo sur. En la Semana de la Soberanía se convocaron en el Filo de la Sierra de los Comechingones, un lugar especial por su altura para unir el corazón del país con la Antártida Argentina mediante ondas de radio, es decir con los mismos recursos técnicos que se usaban hace 50 años.
El Ing. Pablo “Fatiga” Justo organizó “La expedición al Filo”. Pablo fue  radiotécnico del Destacamento Naval Decepción en 1965 y lo recuerda como “el año que más disfruté en mi vida”. En la misma base, el electricista era Antonio “El Zorro” Sedano, quien luego fue tripulante de diversos buques antárticos como el histórico Q4 Rompehielos General San Martín, antecesor del Irizar. Pero sin duda el más antiguo y experimentado del equipo  –aunque siempre activo y jovial- es Hugo "El Turco" Abraham, un radiotelegrafista de 86 años, 10 de los cuales los vivió íntegramente en la Antártida, atravesando allí todo tipo de inclemencias desde su primer invernada en 1954.

Se alistan los equipos transceptores y el radioaficionado Alfredo Rikkers realiza el ajuste de antenas.
Participaron también de este encuentro en Comechingones los radioaficionados Juan Carlos Alonso y Alfredo Rikkers, aportando sus aparatos de radio y antenas. También estaba Rubén "Gurú" Morales, un profesor de la Universidad del Salvador que escribe artículos sobre temas antárticos, quien hizo las gestiones previas para coordinar la transmisión con las bases y junto a su hijo Walter colaboraron en la logística.
La expectativa iba in crescendo mientras se ajustaban los equipos en búsqueda de una conexión por radio con la Antártida, a unos 5000 Km. de distancia. En el mediodía del 23 de noviembre se logró el primer éxito al oir fuerte y clara en los parlantes una voz que procedía del Destacamento Naval Orcadas. Gritos de emoción y alegría resonaron en el aire serrano. Pablo Justo contestó con el clásico “QSL” tal como lo había hecho tantas veces cuando era radiotécnico en Decepción.


Se comunicaron desde Base Orcadas el comandante, Capitán de Corbeta
Néstor Casanovas, el operador de radio Cabo Primero Gabriel Esteche
y el electricista Subof. Primero Gustavo Oddo Bringas.

Desde la Base Orcadas, su jefe el Capitán de Corbeta Néstor Casanovas los saludó con satisfacción: “consideramos un placer, un honor y un privilegio establecer esta comunicación con nuestros queridos veteranos antárticos para que nos relaten sus experiencias de los años que estuvieron en el continente blanco, los que se han ganado su blasón de personal antártico de la misma forma que esperamos ganarlo nosotros después de esta invernada”. También participaron del enlace, el operador de radio de Orcadas, Cabo Primero Gabriel Oscar Esteche y el electricista Suboficial Primero Gustavo Rubén Oddo Bringas.

En Comechingones, los veteranos apenas podían creer lo que sucedía y el Suboficial Mayor Electricista Antonio Sedano tomó el micrófono muy emocionado para recordar coloridas anécdotas, remarcó la permanencia argentina en la Antártida desde 1904, precisamente en la base Orcadas y manifestó su encendido homenaje al Día de la Soberanía. 

El Ing. Pablo “Fatiga” Justo, fue radiotéctico del
Destacamento Naval Decepción en 1965 y casi medio siglo
después volvió a hablar por radio con el continente blanco.
Luego Pablo Justo relató detalles sobre su invernada en Isla Decepción, donde realizaban frecuentes visitas a una base inglesa y otra chilena en un clima de gran fraternidad internacional. “Los sábados pasábamos cine para todos y los ingleses venían con trineos tirados por perros, en cambio los chilenos tenían motos de nieve.” Otras anécdotas tenían un tono melodramático, “llegó un momento en que se nos acabó la carne (que no había venido en el mejor estado) y tuvimos que comer hígado de foca con huevos de pingüino, que es rico pero tiene un aspecto desagradable, porque por más que se lo cocine, la clara siempre queda transparente. También comíamos notothenia, pescado típicamente antártico, muy rico, que se pesca con el tradicional método de cavar un agujero en el hielo como los esquimales. ¿Han comido notothenia?” –preguntó “Fatiga”. Desde la base Orcadas le contestaron que ya no podían permitirse esos banquetes porque las actuales leyes de protección de la fauna lo impiden y por eso se envían guardaparques a las bases.
Luego de una emotiva despedida con Orcadas, una nueva voz se oyó en el parlante:
Expedición al Filo, aquí LU4ZS Base Marambio, Antártida…”
Entonces se inició otra comunicación de treinta intensos minutos con los miembros de la flamante dotación 45 de la Base Marambio, el Subof. Princ. Héctor Daniel Díaz, el Lic. Juan Carlos Benavente y el Ing. Francisco Carpitella, encargado del Pabellón Científico de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) en la Base. Además el comandante Vicecomodoro Gabriel Maldonado envió un afectuoso saludo a los veteranos que tomaron esta iniciativa. “Para nosotros como dotación antártica y para la Fuerza Aérea estas actividades son importantes y de particular interés, y estaremos permanentemente dispuestos a participar y promoverlas” –remarcó Maldonado.

En base Marambio, al micrófono el Lic. Juan Carlos Benavente y el Ing. Francisco Carpitella. (Foto: Miguel Mei, SMN Marambio).
Durante el enlace radial Filo-Marambio, y movidos por la emoción presente en ambos grupos, se intercambiaron experiencias, memorias, anécdotas y comentarios de color. “Para nosotros fue muy fuerte (la comunicación) -explicó el Prof. Rubén “Gurú” Morales-­­ y habrán notado que a los veteranos antárticos se les trababan las palabras de la emoción. Los escuchamos muy bien, pese a estar en un lugar abierto y ventoso”.
Posteriormente, el personal de Marambio divulgó un comunicado de prensa donde expresa que ante “un evento tan emotivo como inusual, adhirió institucionalmente la mayor base antártica argentina”. Añade que la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes auspició este enlace radial, en tanto la coordinación de actividades entre el grupo expedicionario en Comechingones y la Base Marambio fue realizada por el Subof. Mayor (R) Juan C. Luján, presidente de la Fundación Marambio, veterano antártico de la Patrulla Soberanía, fundadora de la base Marambio en 1969.

En Marambio, el Lic. Juan Carlos Benavente, el comandante Vicecomodoro
Gabriel Maldonado y el
 Subof. Princ. Héctor Daniel Díaz.(Foto: Miguel Mei, SMN Marambio).
La gacetilla de Marambio concluye: “El contacto efectuado el pasado sábado 23 de noviembre con las bases antárticas será sin duda un suceso motivador que impulsará a los radio operadores y radioaficionados de las bases  antárticas argentinas a realizar actividades de esta naturaleza. Esto no sólo con el propósito estratégico de mantener la presencia argentina también en el espectro radioeléctrico, sino además  por mantener encendido el espíritu que desde hace décadas mueve a la actividad de los profesionales y aficionados a la radio, atraídos no sólo por la pasión técnica y la aventura de la comunicación humana, sino también por el bien social que constituye la actividad. En el caso de los radioaficionados, sus prácticas adquirieron mayor relevancia durante las catástrofes, prestando el único nexo de comunicación que persistía cuando todas las redes se caían, o la actividad cotidiana de los radio operadores antárticos, en este caso, brindando un servicio esencial para sostener toda la actividad de las bases. Aquella máxima de que ‘sin comunicación no hay comando’ resume la importancia de la actividad.” (…) “Una vez más, aquello de “la magia de la radio” volvió a brillar y a generar entusiasmo y pasión, forjando así el amor a la patria y el espíritu inamovible de la defensa de la soberanía.”

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